
Los vascos tenemos mucho que aprender de la historia de la construcción europea que, en los momentos difíciles, ha dejado a un lado la estéril discusión de ¿qué somos? para plantearse ¿qué podemos hacer juntos?, ¿cuál es nuestro proyecto común?.
Está, sin embargo, este proceso de Unión Europea, todavía inacabado; se encuentra en un momento histórico en el que debe dar respuesta a los grandes retos que hoy se le plantean.
El primer reto del País Vasco es culminar con éxito la unión monetaria, paso decisivo en la construcción europea y paso decisivo para España, que ha sabido, esta vez, no perder el tren de la Historia. El proyecto europeo será algo tangible para los ciudadanos, que sentirán Europa en sus bolsillos cuando paguen, cobren y cuenten en Euros. Pero la Unión Monetaria será también una nueva exigencia de competitividad para las empresas y de rigor y disciplina para quienes tienen que aprobar y gestionar un presupuesto público.
El rigor y la disciplina en materia de gasto público impuesto por la Unión Monetaria se extiende también a las haciendas del País Vasco y serán, por consiguiente, todos los ciudadanos vascos los que se beneficien de esta nueva garantía que, en ocasiones, no es capaz de ofrecer el resultado de la contienda política.
La economía vasca se ha caracterizado siempre por su apertura al comercio internacional. Hoy, sus exportaciones, dirigidas fundamentalmente al mercado europeo, representan el 25% de su PIB. De ahí la importancia para nuestra economía de la participación de España en la Unión Monetaria, que el Gobierno ha hecho posible después de dos años de ejemplar gestión de su política económica, con el empeño personal y el liderazgo político del Presidente José María Aznar.
Pero, si la Unión Monetaria es en el tiempo el primer reto con el que se encuentra la Unión Europea, resolver el grave problema del desempleo es, sin duda, el más importante. Como también lo es en Euskadi, cuya tasa de paro alcanza un 18%, casi el doble que la media europea.
El creciente compromiso de la Unión Europea de dar una respuesta coordinada al problema del desempleo es esperanzador para el País Vasco, especialmente afectado por su declive industrial. Pero aún más esperanzador es el compromiso y los resultados que España está aportando al problema del desempleo en Europa.
El Plan de Empleo presentado por España ha merecido los mayores elogios por parte de la Comisión y está avalado por un Gobierno que ha sabido crear las condiciones para reducir la tasa de paro en España en más de tres puntos y crear 800.000 puestos de trabajo desde 1996, la mitad de los creados en toda la Unión Europea.
Si la Unión Europea es capaz de dar respuesta a los problemas de los ciudadanos, éstos se sentirán europeos. Para que así sea, hoy, la construcción europea se enfrenta a un gran reto; el de la reforma de sus instituciones.
Reforma que la próxima ampliación de la Unión hace inaplazable, pero que resulta, en cualquier caso, necesaria para la continuidad y la credibilidad de la Unión frente a sus ciudadanos. Acercar Europa a los ciudadanos significa hacer más democrático, transparente y simple el proceso de toma de decisiones en la Unión Europea.
El País Vasco disfruta, en el marco del estado español, de un régimen de autonomía sin igual en Europa, en cuanto al nivel de autogobierno y competencias exclusivas, en virtud de su Estatuto de Autonomía.
Es por consiguiente razonable que, junto con el resto de Comunidades Autónomas, disfrute de unos cauces de información y participación en la toma de decisiones de la Unión, que tengan una especial incidencia en sus ciudadanos. No se trata, como algunos pretenden, de sustituir al Estado en su responsabilidad constitucional de representación e interlocución en la política exterior española.
Se trata de incorporar la realidad del estado de las autonomías al proceso de toma de decisiones de la Unión, lo que, sin duda, contribuirá a acercar la construcción europea a los ciudadanos. La Unión Europea, a través del Comité de las Regiones, ha dado un primer paso para incorporar la dimensión regional al proceso institucional y el Gobierno español ha realizado un gran esfuerzo en materia de información y coordinación de las Comunidades Autónomas, a la hora de definir sus posiciones negociadoras en Bruselas.
Es, por consiguiente, necesaria la articulación de nuevos cauces entre las Comunidades Autónomas y la Unión Europea que habrá que definir en el marco de un debate político, pero cuyos límites y recorrido están marcados por la necesaria unidad de acción exterior de España y por el principio de no discriminación entre Comunidades Autónomas.
Nos referimos ahora a algunas de las inquietudes y preocupaciones de los ciudadanos vascos en relación con la Unión Europea.
La primera de ellas se deriva de las previsibles consecuencias de la futura ampliación de la Unión Europea. La denominada Agenda 2000 presentada por la Comisión en julio de 1997 establecía de forma pormenorizada un escenario para hacer frente a dicha ampliación.
Sorprende que la Unión Europea no se plantee incrementar el actual techo de sus recursos más allá del 1,27% del PNB cuando aspira a integrar a Polonia, Hungría, Chequia, Estonia, Eslovenia y Chipre que, en conjunto, tienen una renta per cápita del 30% de la media comunitaria.
Es, por consiguiente, lógica, una cierta inquietud respecto a la continuidad en su actual dimensión de las actuaciones de la política estructural comunitaria en el País Vasco, región objetivo 2 por su declive industrial, que, como queda dicho previamente, tiene una tasa de desempleo del 18%. No obstante los nuevos reglamentos sobre los fondos estructurales nos han tranquilizado respecto a dicha continuidad y es seguro que el Gobierno español podrá garantizar, a lo largo de las próximas negociaciones, una intensidad de las acciones estructurales comunitarias en el País vasco, similar a la que ha disfrutado hasta la fecha.
Aún más nos puede tranquilizar a los vascos, el resultado de las conversaciones que mantuvo Carlos Iturgaiz con la Comisaria de Política Regional la Sra. Wulf-Mathies, a finales del mes de mayo pasado, en el sentido de que la dotación por habitante de los Fondos Estructurales en el País Vasco, no se verá mermada después de la reforma.
Al margen de las lógicas inquietudes derivadas de la ampliación, nuestros pescadores han mantenido una ya tradicional reivindicación en Bruselas que, en todo momento, hemos apoyado y defendido, la prohibición de las redes de deriva, cuya utilización daña gravemente el ecosistema marino y perjudica seriamente a quienes, desde tiempos ancestrales, han vivido de una pesca selectiva.
La Comisión vigilará con la máxima atención el proceso de reconversión de los barcos, fundamentalmente franceses, que utilizan estas redes, cuya prohibición, la de las redes de deriva, se adoptó el pasado 8 de Junio por el Consejo de Ministros de pesca.
2. UNA POLÍTICA
EUROPEA PARA EL PAÍS VASCO
El País Vasco se caracteriza por la riqueza de su tejido social y productivo, lo que unido a las ventajas que ofrece su situación geográfica, lo convierte en una región con grandes expectativas de insertarse adecuadamente en el mercado europeo
Las empresas del País Vasco, muchas de ellas industriales, ya han demostrado su capacidad de adaptación e innovación a lo largo de un doloroso proceso de reestructuración industrial y que sabrán aprovechar esta ocasión para mejorar sus posiciones en el mercado del Euro
Europa cuenta con distintos medios de acción especialmente destinados a favorecer el desarrollo de sus regiones y, en este contexto, algunos de los problemas característicos del País Vasco requieren ser abordados con medidas de distinto alcance (mejora de las infraestructuras, de las dotaciones sociales, de la protección ambiental, o de la asistencia y modernización de las empresas) que permitan afrontar el futuro en una buena situación competitiva. Par facilitar este objetivo, las alternativas que se abren en la economía vasca han de apoyarse en una vertebración coherente de su sociedad y su territorio en el contexto europeo donde se insertan.
Todos sabemos que no existen fórmulas mágicas para resolver a corto plazo el grave problema del paro, pero también todos coincidimos en que reducir las cargas fiscales sobre el empleo, flexibilizar el mercado de trabajo, fomentar el empleo a tiempo parcial, potenciar la formación profesional y desarrollar políticas activas en materia de empleo a nivel local y regional son medidas que apuntan en la buena dirección y que ya están dando resultados.
Resulta por ello inexplicable, la resistencia del Gobierno Vasco a asumir las competencias del INEM, en base a la oferta de la Administración Central, lo que permitiría dar una respuesta más eficaz a las especiales características del problema del desempleo en el País Vasco.
A esto debe contribuir la modernización que se está realizando en la industria y en las ciudades vascas, en incluso la mayor conexión con las restantes regiones europeas que permite el establecimiento de la sede de la Agencia para la Salud y la Seguridad en el Trabajo en Bilbao.
El próximo 25 de octubre tendremos elecciones en Euskadi y, sin duda, muchos de los temas que se han mencionado serán objeto de debate durante el periodo que nos separa de dicha fecha.
Pero hay uno que, desgraciadamente, está presente en todos los debates. Nos referimos a la paz, la libertad y la convivencia en el País Vasco. Nos referimos al problema del terrorismo.
Desde hace ya demasiados años, el País Vasco es noticia en Europa porque se ha producido un nuevo atentado, otro secuestro, otro asesinato. Y Europa se pregunta:
¿Qué pasa en el País Vasco?. ¿Cómo se puede alcanzar la paz?. ¿Qué puede hacer la Unión Europea?
La construcción europea es una lección de trabajo en común, de diálogo, de encuentro entre demócratas que se esfuerzan en superar los nacionalismos para garantizar la paz y la prosperidad de sus ciudadanos.
Los vascos necesitamos la referencia europea y, por eso, en nuestra lucha contra el terrorismo confiamos en la profundización del denominado tercer pilar de la Unión Europea. Los ciudadanos europeos tienen que sentirse protegidos por una auténtica política europea contra el terrorismo y el crimen organizado.
No es aceptable que en el seno de la Unión Europea un terrorista, que haya cometido un delito en un Estado miembro, se beneficie en otro Estado de un régimen de asilo o extradición, o que la ausencia de un único espacio judicial beneficie a los nacionales que cometan delitos en otro Estado miembro.
Los demócratas vascos no entienden que quienes les amenazan, extorsionan, secuestran y asesinan, encuentren fácil refugio en otros lugares de la Unión Europea, amparándose en la diversidad del derecho y en la ausencia de una intensa cooperación policial y judicial.
En esa Europa unida que queremos, la democracia, la vida y la libertad de unos pocos debe ser defendida como la vida, la libertad y la democracia de todos.
El País Vasco, Euskadi, constituye hoy la región de Europa con mayores cotas de autogobierno, fruto de un Estatuto de Autonomía mayoritariamente respaldado por los vascos en un referéndum.
Ya es mucho el tiempo transcurrido desde que una minoría decidió utilizar la violencia, el chantaje y el asesinato para imponerse a la inmensa mayoría de los vascos. En el País Vasco no existen dos comunidades enfrentadas. Existe una inmensa mayoría de vascos nacionalistas y no nacionalistas que quieren vivir en paz y debatir sus diferencias en democracia. Y existe una minoría, que de forma organizada y con una cierta cobertura política, amenaza, extorsiona, secuestra y asesina para alcanzar sus objetivos.
Desde hace algunos años el Partido Popular se ha convertido en el objetivo prioritario de esta banda criminal. Antes fueron otros su objetivo y siempre los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y cualquier ciudadano que tuvo la desgracia de cruzarse con el terror de sus bombas.
¿Cuál es la vía de la Paz?
La unión de todos los demócratas en la lucha contra el terrorismo y el aislamiento de quienes le dan cobertura política. Porque la democracia y la libertad, ni se negocian ni se imponen; se consiguen.
Se consiguen con la palabra, con el convencimiento, con la movilización social, con el diálogo entre los demócratas, con la tolerancia y la acción común.
¿Acaso no es esa la lección de la Historia de Europa?
Desgraciadamente no es ésta la solución que todos preconizan y cuando más necesitan los vascos estar unidos, algunos establecen públicamente categorías de vascos y cuando más nítida debe ser la línea que separa a los demócratas de los fascistas violentos, otros la desdibujan con permanentes ofertas de diálogo.
Los demócratas vascos se levantan todas las mañanas dispuestos a trabajar para mejorar su futuro y el de los suyos. Algunos, una minoría, se levantan dispuestos a preparar un atentado, a seguir a una futura víctima, a construir un zulo donde mantener a un secuestrado. ¿Sobre qué tienen que dialogar los demócratas con quienes se dedican a preparar su muerte? ¿Sobre el futuro de Euskadi?
El pueblo vasco necesita un proyecto común para acabar con el terrorismo y quienes hagan imposible ese proyecto sólo conseguirán la continuidad de la violencia.