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En todos los grandes municipios
el PP de Vizcaya ha conservado sus electos, con mejoras en votos
y porcentaje. Ello nos ha permitido reeditar en Portugalete y
Santurce los acuerdos de gobierno con el PSE-PSOE; mientras que
en Bilbao y Getxo los concejales nacionalistas en su conjunto
no suponen la mayoría absoluta de tales corporaciones,
algo inédito desde 1979, pese a la extraordinaria movilización
de su voto.
En cuanto a las Juntas Generales,
en Vizcaya los 27 apoderados de PNV-EA (tres menos que PNV-EA-EH
en 1999) suponen la menor representación histórica
del conjunto del nacionalismo en nuestro parlamento foral; de
hecho, sobre el total de 153 apoderados de las Juntas Generales
de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, los nacionalistas
están por primera vez en minoría con 74 escaños;
es decir, 11 menos que en 1999.
Pero, más que los resultados,
el avance de la alternativa ha tenido su mayor reflejo en la constitución
de los nuevos ayuntamientos. Los nacionalistas no han recuperado
las cuotas de poder perdidas en 1999; y el 80% de los alaveses
tienen alcaldes constitucionalistas, al igual -y esta es la gran
novedad- que el 60% de los guipuzcoanos.
Y es que, en 1999, la suma del
voto nacionalista (PNV-EA-EH) superaba el 55% del total; mientras
que en 2003 el PNV-EA-Aralar, más los nulos de Batasuna,
apenas suponen el 51%.
Esa es la dirección en
que se mueve la sociedad vasca; una sociedad que, al renovar sus
instituciones locales en 2003, ha expulsado de las mismas a ETA-Batasuna
y ha configurado los ayuntamientos y las Juntas Generales menos
radicales y menos nacionalistas desde el inicio de la Transición.

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