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EDITORIAL: |
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El debate de política general del 26 de septiembre y el Alderdi Eguna del PNV, dos días después, han puesto las cartas boca arriba. El Plan Ibarretxe es independencia pactada o independencia por la brava. Ni diálogo, ni convivencia, ni legalidad democrática. El Plan Ibarretxe es una propuesta de ruptura, sólo para nacionalistas, sordos a toda crítica, denominan "ruido" a la libertad de expresión, y que no cabe ni en el Estatuto, ni en la Constitución, ni el Tratado de la Unión Europea. Una vía directa a la marginalidad, fuera de España y de Europa, que representa la amenaza directa contra el pluralismo de la sociedad vasca. No es demócrata quien amenaza con hacer su antojo si los demás no le dan la razón; no es demócrata quien recurre al chantaje para saltarse las reglas de juego que todos hemos aprobado; porque la convivencia y la coexistencia democrática son, sobre todo, respeto a las reglas de juego. No dialoga quien no escucha; no dialoga quien descalifica a los discrepantes (Oposición democrática, empresarios, sindicatos, intelectuales, universidad...); no dialoga quien sólo aspira a formar una mayoría entre nacionalistas, demócratas o no, en vez de trabajar por la unidad de los demócratas, nacionalistas o no, frente a los terroristas. Ante un planteamiento de ruptura, inestabilidad e incertidumbre, la colaboración entre los constitucionalistas debería permitir una defensa conjunta y más eficaz de la voluntad de la sociedad vasca expresada en las urnas; de la Constitución y el Estatuto que los vascos respaldamos mayoritariamente. Y, en todo caso, el compromiso del PP será siempre con la sociedad vasca, con su futuro y su prosperidad; y no con la entelequia virtual, rumbo a ninguna parte, en la que nos quiere embarcar Ibarretxe. La sociedad vasca menos nacionalista y menos radical de la historia, que tiene en la derrota de ETA su mayor desafío, no se dejará desbordar por el órdago independentista en un nacionalismo que sólo persigue mantener el poder; aunque conservar el poder suponga pactar con ETA, asumir su programa y objetivos, y hacer tabla rasa de lo que los vascos hemos construido juntos en 25 años. No será Ibarretxe quien nos obligue a atravesar la pared a cabezazos. |