EDITORIAL:


ELECCIONES GENERALES

Comienza 2004 con llamada a las urnas, en marzo, para renovar Congreso y Senado. Se acerca así el epílogo del mandato de José María Aznar al frente del Gobierno de España, con un balance memorable, en términos políticos, sociales y económicos, para la democracia española; balance que deberá ser tenido en cuenta por los ciudadanos a la hora de elegir a su sucesor.

En este sentido, Mariano Rajoy representa la mayor garantía en la continuidad de los mejores frutos de los gobiernos de José María Aznar; frutos de los que ha sido a menudo responsable y, en todo caso, coadyuvante. Ante los retos del inmediato futuro y la jaula de grillos de una opción desorientada y carente de líder, el PP de Mariano Rajoy debe ser la oposición segura, fiable por previsible, y comprometida con el futuro de todos que la mayoría de la sociedad española desea.

Es nuestra tarea trabajar por una nueva mayoría, por la renovación de la confianza obtenida de los españoles en el año 2000, y por contribuir, desde el País Vasco, con una cifra importante de escaños a la investidura de Mariano Rajoy como nuevo Presidente del Gobierno.

En estos meses, todos debemos ser conscientes de que la amplitud de la nueva mayoría representará también, en buena medida, la fortaleza con que el nuevo Gobierno de la Nación pueda encarar los retos políticos del inmediato futuro, comenzando por los desafíos nacionalistas.

En las elecciones generales de marzo debe salir de las urnas en el País Vasco, como ya sucedió en el año 2000, una clara mayoría constitucionalista que represente un nuevo jalón para el cambio y la alternativa política en el País Vasco; o lo que es lo mismo, frente a la ruptura que encarna el Plan Ibarretxe, una apuesta por los valores democráticos, la paz y la libertad, que inspiraron la Constitución del 78, tan moderna 25 años después, y el Estatuto de Gernika.