EDITORIAL:


MÁS AUTONOMÍA, MEJOR FUTURO

El pasado 30 de Diciembre, el Plan de Ibarretxe recibió el aval y el voto de ETA-Batasuna en el Parlamento Vasco. Se hace así realidad la denuncia tantas veces formulada desde el PP del País Vasco: El único objetivo del PNV es lograr la unidad de los nacionalistas -demócratas o no- para conservar el poder y caminar hacia la independencia.

Como ya sabíamos, Ibarretxe no cuestiona la legitimidad de los votos recibidos por mandato de ETA; lo limitado de sus convicciones democráticas tampoco es una sorpresa; del mismo modo que no lo es su insistencia en lograr mayoría absoluta en las próximas elecciones autonómicas, para dar nuevo impulso al Plan. Parece desconocer que la mayoría no permite saltarse la legalidad, que quien tiene mayoría no está legitimado para dividir y enfrentar a la sociedad; en democracia, mayorías y minorías deben respetar la legalidad, y nadie puede sentirse legitimado para pasar por encima de la ley.

Sin embargo, leída la instrucción de ETA ante el Pleno del Parlamento, Otegi confirmó, contra la mayoría social vasca, un escenario de liquidación del Estatuto y de asunción de las tesis de la banda terrorista por el conjunto del nacionalismo vasco. El Plan de Ibarretxe es ya el Plan Ternera, porque siempre que se pacta con terroristas, los únicos beneficiarios son los terroristas.

Esa tremenda imagen de ETA impartiendo doctrina e instrucciones de voto en la tribuna parlamentaria, representa también el fracaso del nacionalismo llamado democrático. Fracaso que se confirma cada vez que el Lehendakari invita a elegir entre su plan o "las tortas"; la sociedad vasca del siglo XXI no cabe en el Plan de Ibarretxe; es más plural, más democrática, más moderna de lo que los impulsores del Plan son capaces de concebir. Y por ello, el fracaso del nacionalismo no es el fracaso de toda la sociedad vasca.

Al contrario, nuestra elección no es entre el plan o "las tortas", no es entre un futuro construido de la mano de ETA-Batasuna o el enfrentamiento entre vascos. Es posible un mejor futuro desde la alternativa al nacionalismo; porque desde el Estatuto es posible impulsar el cambio político y un futuro de paz y libertad para todos los vascos.

Ante el órdago planteado, sobre todo, a la sociedad vasca, la reacción de los socialistas viene siendo insuficiente; una reacción marcada por la debilidad -véase la actuación del Fiscal General en el caso Atutxa-, la ingenuidad -nunca creyeron que el Plan fuera aprobado por el Parlamento Vasco- o el simple complejo frente al espejo catalán -Plan López-. El pacto de Estado propuesto por Mariano Rajoy a Zapatero debe permitir una respuesta más eficaz que aquello de "me van a oir".

Ibarretxe ya ha dicho que, oyendo o sin oir, en todo caso sin inmutarse, su propósito es convocar un referendum ilegal -o sea, sin garantías democráticas y sin los requisitos que los vascos establecimos en 1979- para ratificar su Plan. Es decir, que todo lo que sea aceptar su juego es ayudarle a escenificar los pasos que tiene decidido dar en esa dirección. Pero, al parecer, el PSOE, con Zapatero al frente, sigue sin querer enterarse.

En cualquier caso, finalizado su proceso de renovación interna y siempre con la sociedad vasca como referencia, el PP del País Vasco seguirá trabajando por un futuro de convivencia en libertad para todos los vascos, mujeres y hombres libres e iguales en derechos.

Este es el reto, sin pagar precio político a ETA o al PNV, que tenemos planteado los autonomistas de todos los partidos, de todos los matices, de todas las tendencias, ante las próximas elecciones autonómicas; de la respuesta que demos depende que, superando el Plan conjunto de Ibarretxe y ETA, podamos construir un mejor futuro al amparo de la Constitución del 78 y del Estatuto de Gernika.