EDITORIAL:

 

DE ESTELLA A PERIGNAN

El 30 de septiembre, el Parlamento de Cataluña daba el visto bueno al supuesto proyecto de "Estatut". El desafío nacionalista al marco constitucional se transladaba así de Estella a Perpignan, en ambos casos con el aval de ETA; porque si el Plan de Ibarretxe fue fruto del Pacto de Estella y recibió los votos de ETA en el Parlamento Vasco, el proyecto de "Estatut" es hijo del "pacto de Perpignan" entre ETA y Carod Rovira.

La diferencia es básicamente una: el impulso de los socialistas catalanes y del Presidente del Gobierno, Sr. Rodríguez Zapatero, a un texto que pretende la liquidación de la Constitución del 78. Los contenidos son muy similares e igualmente incompatibles con las reglas de juego constitucionales; las pretensiones independentistas, idénticas y expresas, para que nadie se llame a engaño. Pero esta vez la debilidad del Presidente del Gobierno ha allanado el camino al "Estatut".

En estas circunstancias, resulta algo digno de destacar la firmeza de los populares catalanes, la claridad con que han sabido mantener sus posiciones y la coherencia de sus planteamientos, que son los de un partido plenamente comprometido con los intereses de Cataluña y el pacto constitucional.

Durante mucho tiempo hemos dicho que el desafío nacionalista catalán se estaba gestando; y en Moncloa o en Ferraz -sede del PSOE- nadie se lo ha querido tomar en serio. Rodríguez Zapatero vuelve a jugar a aprendiz de brujo y lleva la inquietud a todos los españoles; desde las más altas magistraturas del Estado -que nos recuerdan el artículo 2 de la Constitución- hasta multitud de ciudadanos consternados, entre los que se cuentan no pocos socialistas que no logran reconocer a su propio partido. Sólo Zapatero duerme tranquilo, mientras se agita el Consejo de Ministros, bulle la extensa nómina territorial de barones socialistas y los nacionalistas brindan con cava por las primeras singladuras del "Estatut".

Y quienes firmaron el Pacto de Estella y el de Perpignan se frotan las manos.

Por fortuna, en el PP nadie va a encontrar actitudes complacientes, contemporizadoras o acomplejadas. Sabemos quienes han lanzado este desafío; y sabemos que la convivencia, las libertades, la igualdad y la unidad de todos los españoles dependen de que pierdan el envite.

Zapatero es un irresponsable. Pero otros vamos a saber estar, con toda seguridad, a la altura de las graves circunstancias que vivimos.