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EDITORIAL: |
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Le gusta mucho a Juan José Ibarretxe plantear debates para que "cada uno se retrate"; pero son los miembros de su partido y los apoyos de su gobierno los empeñados últimamente en facilitar instantáneas que, en conjunto, dan un preocupante autorretrato del nacionalismo vasco. Precisamente en el año 2002, cuando la sociedad vasca es la menos radical y la menos nacionalista de la historia, cuando el electorado se divide por mitad en torno a candidaturas nacionalistas y no nacionalistas, es cuando las fuerzas nacionalistas se radicalizan y se alejan de la realidad social. Prueba de ello son las fotografías de Arzalluz pidiendo la independencia o acompañando a Arnaldo Otegi, y unos miles de batasunos, por las calles de Bilbao el pasado 15-J; o la imagen de los consejeros huelguistas del Gobierno Vasco el 19-J; o las tomas de los piquetes ÒinformativosÓ de ELA-STV y LAB en esa misma fracasada jornada de huelga; o las múltiples instantáneas de líderes nacionalistas, opuestos a la nueva Ley de Partidos y a la posible ilegalización de Batasuna, actuando como abogados de ETA-Batasuna ante la opinión pública nacional e internacional; por no hablar de la imagen de los dirigentes de Elkarri, incapaces de reconocer el fiasco de su conferencia -nacionalista- de paz; o en fin, fotografías como las del propio Ibarretxe, votando con Batasuna cada viernes en el Parlamento Vasco, elogiando a Fidel Castro, "patinando" en el Sáhara o defendiendo un referéndum independentista contra la voluntad y los intereses de la sociedad vasca. Como se ve todo un autorretrato del nacionalismo, instalado en la "prórroga" del Pacto de Estella y radicalizando cada día sus posiciones. ¿Qué queda del solemne compromiso electoral de ruptura con Batasuna formulado por Ibarretxe hace un año, en vísperas de las elecciones autonómicas del 13 de Mayo?
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