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1. Casi veinticinco años después de las
primeras elecciones democráticas y del inicio de la elaboración
de la Constitución, el Partido Popular pretende en este Congreso
exponer a la sociedad española cuáles son sus ideas en
torno a lo que hemos llamamos el patriotismo de la España Constitucional.
Al exponerlas, el Partido Popular quiere, con la responsabilidad que
le corresponde como partido político -que ha merecido la confianza
de millones de españoles- contribuir a un debate público
y amplio, que considera imprescindible en las circunstancias históricas
y políticas en que vive España.
La obligación de todo partido político
es reflexionar seriamente sobre los retos, los problemas y las inquietudes
de la sociedad y buscar respuestas a todos ellos. Queremos hacerlo ahora
sobre el patriotismo constitucional en la España del siglo XXI
porque lo consideramos un tema esencial para los españoles de
hoy. La reflexión serena y pausada es sumamente necesaria y hay
que plantearla a partir de nuestra realidad y en el contexto de un país
que forma parte de la Unión Europea, que mantiene vínculos
con Iberoamérica y que ejerce crecientes responsabilidades en
el mundo.
Tenemos que hacerla porque las nuevas generaciones no
se merecen que esos nuevos retos sean abordados con viejas ideas, con
viejos prejuicios y agravios, con viejas historias.
Queremos hacer una reflexión que no sea excluyente,
sino abierta a todos, que la podamos compartir con cuantos más
mejor. No pretendemos arrogarnos ningún tipo de monopolio. Nadie
es dueño de la idea de España. Nadie debe cuestionar que
un partido político reflexione sobre ella. Lo que queremos es
abrir esta reflexión a toda la sociedad, a los pensadores y escritores,
a los responsables políticos y a los ciudadanos, porque creemos
que es conveniente reforzar los fundamentos de nuestra convivencia.
Queremos, en el marco de este Congreso, pensar nosotros mismos y abrir
caminos que nos ayuden a pensar todos y con todos, para reafirmar los
vínculos que unen a los españoles como ciudadanos en el
siglo XXI.
Partimos de la convicción de que España
es una nación política forjada a lo largo de una dilatada
trayectoria histórica y cuya pluralidad es uno de sus rasgos
constitutivos.
2. Este año celebraremos el vigésimo quinto
aniversario de las primeras elecciones democráticas. Veinticinco
años que han transformado la realidad política y social
de España. También la manera de ver las cosas, de plantearnos
nuestro futuro. La España de hoy es sustancialmente diferente
de la de los inicios de los años setenta. La España de
hoy es un país que hace de su pluralidad una riqueza, y no un
problema; que no se fundamenta como nación en la uniformidad,
sino en la enriquecedora diversidad.
Por eso hemos de centrar nuestras actitudes, nuestros
planteamientos, y nuestras políticas, mirando a esta España.
Anclarse en aquella España de los inicios de los 70 ya no sirve.
Por desgracia, algunos siguen instalando sus discursos en ella, como
añorando situaciones y problemas que afortunadamente hemos superado.
Hoy podemos sentirnos orgullosos de nuestra democracia,
que nos permite a todos defender con plena libertad y pacíficamente
nuestros criterios, opiniones y alternativas, y que nos obliga a todos
a respetar los criterios, opiniones y alternativas de los demás,
expresados, a su vez, con plena libertad y pacíficamente. Una
democracia que nos proporciona un marco de crecimiento y prosperidad;
de convivencia y libertad.
Por eso queremos reafirmar ahora que la democracia es
el mejor marco de convivencia de una sociedad, es la plena garantía
de la libertad y del pluralismo. En la democracia no cabe la violencia.
Si la violencia terrorista nunca es justificable, menos puede serlo
en una convivencia en democracia. La Constitución ha servido
para construir las bases de esta sociedad democrática.
EL PATRIOTISMO CONSTITUCIONAL EN LA
ESPAÑA PLURAL
3. En cada fase histórica en que España
ha tenido un proyecto común ha conseguido períodos de
gran desarrollo y ese proyecto ha sido un acierto histórico.
La Constitución de 1978 es el mejor paradigma de un proyecto
colectivo de libertad, crecimiento y convivencia para todos los españoles
y para todas las nacionalidades y regiones de España, y supone
un pacto histórico sin precedentes en torno a la idea básica
de España.
4. La transición a la democracia constituye, en
efecto, un logro histórico mediante el cual los españoles
buscaron espacios donde compartir un proyecto de convivencia y desarrollo.
La Constitución fue fruto del esfuerzo colectivo
de todos los españoles. No fue, y no es, la Constitución
de los unos contra los otros. No fue, y no es, la Constitución
de una idea de España contra otra idea de España. Fue,
y es, la voluntad de todos para encontrar un marco en el que podamos
sentirnos razonablemente cómodos y que nos permita a todos vivir
en libertad.
Los artífices de la Constitución fuimos
todos los españoles que supimos integrar nuestras legítimas
discrepancias políticas y nuestros sentimientos de identidad,
en un proyecto común y compartido. Es de justicia rendir homenaje
a todos los que de una manera directa, y en nombre de todos los ciudadanos,
participaron en la redacción del texto constitucional; en este
Congreso y en nuestro partido están algunos de ellos.
5. La Constitución recoge lo mejor de la historia
liberal y constitucional española, incorpora aportaciones del
constitucionalismo más avanzado del siglo XX, y realiza una reflexión
profunda, extensa e inteligente para encontrar caminos que nos permitan
unir voluntades. La Constitución es herencia de las voluntades
constitucionalistas de nuestra historia contemporánea, que parten
del patriotismo de las libertades.
Pero los constituyentes de 1978 tuvieron el encomiable
propósito de superar aquellas deficiencias de nuestro constitucionalismo
histórico, que unidas a otros factores políticos y sociales,
impidieron no sólo la estabilidad constitucional, sino el logro
de un marco de convivencia aceptado por todos, en el que pudiera integrarse
el pluralismo de la moderna sociedad española.
Fruto de esa voluntad de concordia y de integración,
la Constitución ha sido obra de todos: del centro, de la izquierda,
de la derecha, también de aquellos nacionalistas que colaboraron
decisivamente en la articulación del proyecto común. Legítimamente
todos podemos sentirnos coautores de la Constitución. Y hay muchos
motivos para que siga siendo el proyecto de todos.
6. Gracias al espíritu de la transición
los españoles hicimos una Constitución, un marco jurídico
y político de libertades democráticas a la altura de los
tiempos, en el que poder convivir.
La Constitución es la superación de los
desencuentros históricos de los españoles. Gracias a ella,
las "dos Españas" se reconciliaron en una, se zanjó
el problema religioso y se sentaron las bases y procedimientos para
la solución de los problemas sociales, la forma de la Jefatura
del Estado y el modelo territorial. Con ella España se abrió
al mundo y consiguió su incorporación a la Unión
Europea y la potenciación de su vocación americana.
El marco constitucional, del cual forman parte los Estatutos
de Autonomía, ha hecho posible la España de hoy: una sociedad
abierta y plural. Defender la Constitución es defender los Estatutos
de Autonomía, nuestro sistema estatutario autonómico.
Defender la Constitución es defender con todas sus consecuencias
la España plural; defender los Estatutos de Autonomía
es defender con todas sus consecuencias la idea de España y la
Constitución.
7. Todos los españoles realizaron un esfuerzo
de generosidad y de altura de miras gracias al cual se arrinconaron
los recelos mutuos y se apartaron los dogmas de unos y de otros. Los
partidos políticos más importantes realizaron su propia
transición con la finalidad de pactar y consensuar un marco básico
de convivencia. Izquierda y derecha supieron desprenderse de sus máximas
ideológicas que dificultaban la reconciliación.
Tan sólo una generación después,
tenemos un gran país, una sociedad abierta y llena de dinamismo,
libre, plural y democrática, y desempeñamos un papel importante
en el concierto internacional. España no es ya sólo aceptada;
es requerida como socio imprescindible en las coaliciones internacionales
democráticas y tiene voz propia y altamente significativa en
el ámbito internacional. España tiene un peso específico
cada vez más importante en el mundo que tenemos obligación
de fortalecer.
Ese resultado histórico de la España Constitucional,
que es un resultado de modernidad y de cohesión, de libertad
y de pluralidad, es el patrimonio político, histórico
y afectivo de todos los españoles que durante los últimos
treinta años han contribuido a su realización más
allá de las siglas partidarias, de los colores políticos
o de las meras convicciones que carecen de adscripción política.
8. Precisamente por eso, entendemos el patriotismo constitucional
como un concepto marco: no exige que todas las sensibilidades políticas
tengan la misma y coincidente idea de España. Lo importante es
respetar los núcleos de convivencia: pluralidad, tolerancia,
libertad; autonomía y unidad. El patriotismo constitucional es
un concepto abierto que no debe ser monopolizado por nadie y puede ser
defendido por todos.
9. La Constitución tiene un momento histórico
fundacional. Es fruto del momento de la transición. Pero, contra
lo que dicen algunos, no es un manual de cómo pasar de la dictadura
a la democracia. No es un manual que hoy, una vez asumida plenamente
la democracia, se debería reformar. La Constitución no
es eso. La Constitución es el marco de estabilidad que garantiza
la libertad, la democracia y la pluralidad. Es la garantía de
los valores básicos de la convivencia.
Si bien todo nace con voluntad de permanecer, nada es
eterno. Eso es verdad. Pero también es verdad que no es bueno
ni conveniente poner regularmente en crisis lo que funciona, lo que
nos permite crecer y vivir en libertad. No es bueno confundir el marco,
que es útil, con el esfuerzo individual y colectivo que cada
día debemos hacer para mejorar nuestra democracia. Debemos hacer
este esfuerzo; pero no pongamos en duda el marco que, precisamente,
nos permite hacerlo: la Constitución.
Por ello, el Partido Popular es contrario a abordar en
esta etapa una reforma constitucional. No la consideramos necesaria
ni conveniente. Entendemos además que no existe una mayoría
de ciudadanos partidarios de la reforma constitucional. Defendemos con
convicción la estabilidad constitucional como un valor de la
mayor importancia que es garantía de nuestro sistema de convivencia.
Cuestionar cada veinticinco años el modelo de Estado no conduce
sino a la incertidumbre y, en consecuencia, a dificultar el desarrollo
social, político y económico de España. Es caer
en los errores del constitucionalismo del XIX.
10. La realidad política de la España de
hoy responde a una articulación tan concreta como amplia del
derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones. Vivimos
en un sistema extraordinariamente descentralizado, en el que muy amplias
parcelas del poder político son ejercidas por las Comunidades
Autónomas y las Ciudades con Estatutos de Autonomía.
Puede asegurarse que nuestro sistema autonómico
tiene un grado de descentralización política igual -si
no superior- al de los Estados federales. Atribuir ahora al sistema
de nuestro país el calificativo y los rasgos inherentes al federalismo
contradice tanto nuestra propia historia nacional como la Constitución.
El acierto de haber configurado el modelo del Estado Autonómico
en el proceso constituyente se debe a que es el que mejor se adapta
a los rasgos esenciales de la España plural.
Para el Partido Popular, España no es un Estado
federal. Es un Estado Autonómico, propio, que surge de la realidad
española, que reconoce su pluralidad constitutiva y la canaliza
institucionalmente mediante la atribución de amplios poderes
legislativos, ejecutivos y financieros a las Comunidades Autónomas
y a las Ciudades con Estatutos de Autonomía.
11. España fue durante muchos años el escenario
de una serie de conflictos entrecruzados. Conflictos sociales, sobre
la propiedad y uso de la tierra, sobre la forma de Estado, sobre la
religión, conflictos ideológicos, conflictos territoriales.
Fue el "laberinto español". Hoy, estos conflictos están,
o bien superados, o bien adecuadamente encauzados en el marco constitucional.
España ya no es un laberinto de confrontaciones, sino un espacio
de libertad. Conviene defenderlo y no caer en la trampa de cuestionar
permanentemente los marcos de convivencia, para intentar reabrir viejos
conflictos que, hoy, solo existen en las mentes de algunas minorías,
instaladas en un tiempo pasado que, afortunadamente, ya no existe.
Nos referimos a aquellos que desean una realidad virtual,
en un país que no existe, un país en el que solo vivieran
los que piensan y sienten como ellos. Nosotros queremos un país
en el que puedan vivir todos, con independencia de sus ideas y sentimientos.
Y en el que todos se sientan libres, sin coacciones. En definitiva,
un país en el que la Constitución y los Estatutos se apliquen
como garantía de libertad y convivencia.
12. Hoy vivimos en un país que ha sido capaz de
pasar de la dictadura a la democracia, de una economía cerrada
y autárquica a otra abierta y próspera, de un sistema
centralizado a otro de una intensa descentralización política.
Estamos en un país, somos un país, que ha sido y es capaz
de hacer estas cosas. Y una nación que es capaz de hacer estas
cosas ha de confiar en sí misma. Ha de confiar en sus propias
capacidades, no ha tener miedos, ha de tener esperanzas. La sociedad
española tiene el enorme mérito de haber sabido crear
un país diferente, nuevo, y sin duda mucho mejor.
13. Por todo ello asumimos la idea de España con
naturalidad y sin complejos históricos.
Nosotros creemos que España es un gran país,
una nación constituida a lo largo de los siglos, y que en su
dilatada historia tiene un acervo y un lugar indudable en el mundo.
Una nación plural con una identidad no étnica, sino política,
histórica y cultural, surgida de su aportación a la Historia
y la Cultura universales, de su propia pluralidad constitutiva, y de
su proyecto histórico enraizado en dos mundos, el europeo y el
americano y que comparte esencialmente historia y cultura con el Mediterráneo.
14. La voluntad de mirar el futuro, de respetar lo propio
y compartir lo común han hecho posible la España constitucional,
la España de nuestro tiempo. Por esto, queremos afirmar que nuestra
Constitución supone un marco de soluciones, un marco para la
España de hoy y de mañana, un marco para el crecimiento
y la prosperidad.
15. Como ya se ha dicho, fue la sociedad española
quien, en una transición democrática que hoy se entiende
como modélica, supo encontrar el cauce para resolver nuestros
problemas, nuestros conflictos históricos. Hoy podemos afirmar
que España ha dejado de ser un problema. Evidentemente, tenemos
problemas, pero hoy España es una magnífica oportunidad
para todos sus ciudadanos, para poderlos afrontar y superar. Hoy España
es un país dinámico, en el que todos podemos realizar
nuestros proyectos vitales, en el que no hay que renunciar a las ideas
propias, en el que hemos asumido con naturalidad que la pluralidad es
uno de los elementos enriquecedores de la España moderna.
16. Los españoles construimos en la transición
uno de los sistemas políticos más descentralizados del
mundo, con un amplísimo ejercicio del derecho a la autonomía
de las nacionalidades y regiones, que pretendía dar fin al problema
irresuelto y, además, agravado por el franquismo, de la pluralidad
de España. Sin embargo, tras veinticinco años de democracia,
hay corrientes nacionalistas que cuestionan, de modo implícito
o explícito, el marco político derivado de la Constitución
y los Estatutos, e incluso algunas corrientes del nacionalismo vasco
han llegado a poner en entredicho las propias instituciones democráticas
que gobiernan ininterrumpidamente desde la transición, instituciones
que le han permitido desarrollarse y expresarse libremente.
Hoy, en una España moderna y en un país
que se enriquece en su pluralidad, que la cuida y la protege, el nacionalismo
excluyente, el que exalta la diferencia y pone la identidad por encima
de la libertad -es decir, el nacionalismo no constitucional-, no tiene
sentido. Y no lo tiene porque hoy, afortunadamente, vivimos en un país
libre, abierto, plural y democrático en el que los derechos de
las personas son el bien superior a proteger. Porque entre todos, en
el marco de la Constitución, estamos contribuyendo al país
que todos queremos: con pasión por la libertad común,
por nuestros derechos e instituciones cívicas, por lo que nos
une. Si existe libertad, y si existe respeto a nuestro sentimiento de
identidad, solo se excluye aquel que se quiere excluir.
17. Nosotros no somos nacionalistas. No creemos que la
solución de los problemas de España deba abordarse desde
planteamientos nacionalistas excluyentes.
El nacionalismo excluyente es la adhesión a toda
costa, incondicional, acrítica, moralmente indiferente, a la
propia comunidad de pertenencia. Para ese nacionalismo se es bueno si
se es nacionalista, y si se está con la comunidad de pertenencia
con razón o sin ella.
Por el contrario, el patriotismo constitucional es una
adhesión crítica y moralmente exigente. Es un sentimiento
racionalizado y dotado de una fuerte brújula ética, que
no convierte en algo absoluto el hecho de pertenecer a un grupo nacional.
Al patriotismo constitucional no le basta el mero hecho nacional, aunque
no lo ignora, sino que busca sus cimientos en sólidos principios
y valores éticos, en los fundamentos de nuestra civilización
y normas de convivencia para la libertad.
Quien sólo exalta a su patria no hace nada por
ella. Lo hace quien trabaja para que la libertad, la democracia, el
pluralismo y la justicia sean una realidad en su país; quien
trabaja para resolver los problemas de los ciudadanos. Lo hace quien
sustituye la insatisfacción y el victimismo permanentes por el
ejercicio maduro de sus libertades y de sus responsabilidades.
Sabemos que, no obstante la dimensión universal
del patriotismo constitucional, este tiene una expresión concreta,
histórica y cultural, en cada país. El patriotismo constitucional
es la idea de patriotismo que responde a la cultura política
que a la altura de nuestro tiempo comparten los países de Occidente,
dotados de instituciones libres y democráticas.
Entendemos que los fundamentos históricos y morales
del patriotismo constitucional en España son los valores inspiradores
del gran pacto de la transición democrática, los plasmados
en la Constitución, y desarrollados en los Estatutos de Autonomía.
Nuestro patriotismo constitucional encierra el orgullo racional y crítico
por haber superado siglo y medio de enfrentamientos civiles, por haber
resuelto gran parte de nuestros problemas e insuficiencias históricas,
por haber establecido un régimen democrático genuino y
estable, articulado sobre el reconocimiento de los derechos y libertades
individuales, la unidad de la nación española, el derecho
a la autonomía de las nacionalidades y regiones y la solidaridad
entre todas ellas.
18. En este sentido, los ponentes quisiéramos
resaltar ahora que en la España de las Autonomías los
Estatutos vasco y catalán fueron pioneros, y ambos, en consecuencia,
son un fundamento importante del patriotismo constitucional no sólo
de vascos y catalanes, sino de todos los españoles.
En este contexto, ha de destacarse el ejemplo de Navarra,
cuya autonomía foral, históricamente ejercida aún
en momentos de mayor centralismo del Estado, se ha desenvuelto siempre
con espíritu de lealtad constitucional y de solidaridad, representando
un ejemplo permanente de patriotismo constitucional.
Y en este sentido también queremos resaltar que
en la España de las Autonomías los Estatutos son un fundamento
importante del patriotismo constitucional, no solo de los ciudadanos
de cada territorio, sino de todos los españoles.
19. En los comienzos del siglo XXI, y por las razones
expuestas, lo que no tiene sentido son los nacionalismos excluyentes,
como tampoco lo tendría un "neonacionalismo español".
Cualquiera de ellos es incompatible con el proyecto colectivo de convivencia
que está plasmado en la Constitución, y lo pone en riesgo.
Por ello, el Partido Popular considera imprescindible
-y está comprometido a llevar a cabo- una intensa tarea política
que promueva una cultura cívica integradora. Una cultura cívica
que ha de basarse en la afirmación y adhesión a los valores
y principios que se dio a sí misma la nación española
en el momento constituyente y que hizo de esos valores eje fundamental
de su proyecto político. España se ha constituido en un
Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores
superiores la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político,
y que se fundamenta en los principios de su indisoluble unidad, el derecho
a la autonomía y la solidaridad entre las nacionalidades y regiones
que la integran. De este hecho ha de emerger un patriotismo constitucional
cívico y sin falsos complejos de superioridad o inferioridad.
Entendemos, por ello, que el patriotismo constitucional es la actualización
política de una forma de lealtad a España Ðla España
integradora y plural de la Constitución- con hondas raíces
en nuestra historia.
20. La España constitucional es un Estado de Derecho,
en el que se plasma la voluntad de convivencia. A partir del reconocimiento
de la dignidad del ser humano como fundamento del orden político
y de la paz social la Constitución diseña un amplio sistema
de libertades; un sistema que todas las instituciones deben garantizar.
Éste es el único marco que protege y ampara la dignidad
de las personas: la dignidad de cada uno y la de todos.
La España constitucional no puede entenderse sin
ese sistema de libertades y derechos. Pero no es posible su ejercicio
sin un Estado de Derecho que funcione, que tenga como elemental contrapartida
las obligaciones y exigencias que de él se desprenden. El imperio
de la ley, dentro de los principios constitucionales, es la máxima
garantía de la voluntad colectiva, de la libertad. Por ello,
la obligación de todas las instituciones que forman el Estado
de Derecho es procurar que la ley impere en todo momento, en toda circunstancia,
en cualquier parte del territorio nacional. No puede haber ámbitos
exentos del principio de la observancia general de la ley.
Estos principios engendran, en nuestra concepción
del patriotismo constitucional, unos deberes que forman parte del concepto
cabal de ciudadanía. La lealtad constitucional, en una sociedad
moderna, significa dar el máximo valor al principio del imperio
de la ley, al ser ésta, al mismo tiempo, expresión de
la voluntad popular y garantía de nuestras libertades. Es necesario,
por tanto, hacer del prestigio de la ley un pilar básico de nuestra
convivencia democrática.
21. El patriotismo constitucional cobra todo su sentido
cuando las reglas elementales de convivencia y los valores y principios
constitucionales básicos son vulnerados. Cuando voces muy cualificadas
de algún lugar de España han dicho que la única
libertad que llega a esa Comunidad procede de España, se hace
necesario, mediante el patriotismo constitucional, la garantía
que para la dignidad de estos ciudadanos representa la Constitución.
Cuando la obsesión por hacer retroceder la idea de España
en alguna Comunidad ha tenido como consecuencia el retroceso simultáneo
de la libertad, o la restricción de derechos, o el desmoronamiento
de la ética política y de los valores propios de nuestra
civilización, es necesario fortalecer en el ambiente político
y en la realidad cotidiana de esa sociedad la idea de España
como idea de libertad, como nexo de libertad y como reivindicación
política legítima. Cuando el enaltecimiento de la etnicidad
ha dado cuerpo a una comunidad social étnico-nacionalista excluyente,
debemos reafirmarnos en una identidad no étnica, sino civil,
política, cultural y social, capaz de integrar el pluralismo
de esa sociedad.
De este modo, Constitución, España, libertad,
vocación europea, son términos sinónimos. Se funden
en el patriotismo constitucional, que es compatible y coherente con
las sensibilidades de pertenencia a cualquier nacionalidad histórica,
de la misma manera que los principios constitucionales de unidad, autonomía
y solidaridad sólo son comprensibles si se interpretan entre
sí.
22. El terrorismo es el enemigo de nuestra convivencia
democrática. No es expresión de conflicto político
alguno, sino expresión de un proyecto y de una voluntad totalitarias
que amenazan al conjunto de la sociedad. Es el intento de una minoría
de imponer, mediante el terror y la muerte, una determinada subcultura
de la violencia y unos determinados contravalores, a los valores y principios
democráticos de una mayoría.
El terrorismo no refleja un problema; constituye y es
el único problema. Sostener lo contrario es conferir una apariencia
de legitimidad política al terrorismo, de la que en todo caso
carece y ha carecido siempre. Y es, además, convertir a los terroristas
en sujetos políticos.
El dolor generado por el terrorismo, la tragedia humana
sembrada en tantas y tantas familias, las vidas segadas por la violencia
y el odio, inhabilitan ética y democráticamente a los
grupos terroristas.
23. El patriotismo constitucional es la mejor actitud
política para combatir el fenómeno del terrorismo, y promueve
en ese sentido la unidad de los demócratas como elemento clave
para su derrota.
El patriotismo constitucional exige un comportamiento
ético-político frente al terrorismo, de acuerdo con los
principios, valores y espíritu de la Constitución.
Entendemos que el Pacto por las Libertades y contra el
Terrorismo es el primer paso y el mejor ejemplo del patriotismo constitucional
en ese terreno, y nos comprometemos a trabajar para su fortalecimiento
y profundización. También con quienes condenan inequívocamente
el terrorismo.
24. En ese sentido, queremos enunciar las que a nuestro
juicio son las consecuencias más directas del patriotismo constitucional
en la lucha contra el terrorismo:
En primer lugar, supone una beligerancia sin ambigŸedades
frente a todas las organizaciones terroristas, sus ramificaciones y
sus entornos. Incluyendo a los que, de manera directa o indirecta, los
apoyan o los comprenden.
Supone, en segundo lugar, una lealtad institucional en
la lucha antiterrorista; es decir, una lealtad entre partidos democráticos;
una lealtad con las resoluciones de la Justicia -de manera que no se
cuestionen permanentemente sus actuaciones-; una lealtad en forma de
respaldo a la encomiable labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad;
y, en fin, una lealtad en forma de respaldo a la lucha internacional
contra el terrorismo y a los avances que en materia de cooperación
judicial y policial se están produciendo a partir del 11 de septiembre
en la Unión Europea y en el conjunto del mundo.
En tercer lugar, supone la decisión política
de no pactar en ningún foro político con grupos, asociaciones
o partidos afines a los terroristas; la decisión, además,
de no negociar con bandas terroristas o sus entornos proyectos políticos
de fondo; la decisión de impedir la financiación, pública
o privada, de organizaciones sociales o políticas del entorno
terrorista; en fin, la decisión de no compartir ni fines ni estrategias
políticas coincidentes con las de organizaciones terroristas.
En cuarto lugar, el patriotismo constitucional supone
la proximidad, la solidaridad, la restitución moral y social
y la ayuda a las víctimas del terrorismo. Porque sólo
haciendo de las víctimas el centro ético de la lucha contra
el terrorismo, podremos superar el odio, el rencor y el resentimiento
que lo alimenta.
Los terroristas, quienes los apoyan, quienes pactan con
ellos deben saber que no tienen ninguna esperanza de obtener contrapartida
alguna a través del terror. El terrorismo sólo conduce
al castigo que merecen sus autores, de acuerdo con la ley y el Estado
de Derecho.
25. El objetivo del terrorismo que padece la sociedad
española es doble: implantar un orden totalitario en el País
Vasco y lograr su secesión de España. Uno y otro están
indisolublemente unidos en el proyecto que el entramado terrorista quiere
imponer mediante la violencia. La pretensión secesionista se
quiere revestir por algunos con la invocación de un presunto
"derecho de autodeterminación".
Muchos siglos de historia en común y el hecho
incontestable de que en todas las partes de España exista una
amplia mayoría de quines comparten el sentimiento de ser españoles,
compatible, en todo caso, con el de sentirse pertenecientes a las distintas
comunidades de España, justifica plenamente que la Constitución
residencie la soberanía en todo el pueblo español. Es
éste, en su conjunto, el único sujeto del poder constituyente.
España es una realidad histórica y políticamente
asentada.
Debemos afirmar con firmeza que en el marco constitucional
no cabe la invocación de un inexistente "derecho de autodeterminación".
Pretender llevarlo a cabo significa lisa y llanamente la voluntad de
quebrar radicalmente el orden constitucional del cual emana el derecho
a la autonomía de las nacionalidades y regiones.
Resulta inadmisible que se pretenda forzar la segregación
con el argumento de que si no se consiguen las cosas con las reglas
de la democracia, se van a conseguir asesinando, coaccionando a la sociedad,
ultrajando el valor inalienable de la libertad. Como también
lo es pretender la secesión como precio político a pagar
para que cese el terrorismo.
Nada puede plantearse bajo la presión de la violencia
o de las pistolas. Y, desde luego, nada puede aceptarse bajo la amenaza
de la violencia o la coacción de las pistolas.
26. La Constitución nos ha marcado el camino a
seguir: se trata de sumar y no de restar, de fortalecer España
sobre la base de la integración, de la puesta en común
y no de la exclusión.
España es algo que hacemos entre todos, en el
trabajo diario, en el debate sobre nuestro futuro, en el intercambio
de opiniones e incluso al poner en crisis ideas y formas que nos parecían
inalterables en el tiempo para crear nuevos conceptos, nuevos objetivos,
nuevas maneras de convivencia. Hacer España es dinamismo y eso
lo hacemos las personas, no es el país quien hace a las personas.
Hacer país es impulso, es proyección, es racionalidad.
Impulso en el sentido de facilitar los marcos que, lejos
del intervencionismo y el control paternalista, faciliten que la sociedad
pueda desarrollar sus iniciativas. El intervencionismo en nombre de
países imaginarios que no responden a la realidad de hoy, impide
y coarta la iniciativa de la sociedad.
Proyección en el sentido de una voluntad clara
de ser referente de futuro, adaptándonos a los nuevos tiempos
y a las nuevas oportunidades. En el sentido de entender que estamos
en el siglo XXI y los objetivos tienen que construirse en el marco de
las realidades de este siglo. Racionalidad en el sentido de plantearnos
los problemas donde están y analizarlos en su marco concreto,
en su contexto y con sus propias características. Racionalidad
en el sentido de no exaltar sentimientos y de no situar al otro como
contrapunto para construir nuestra identidad. Una identidad virtual
propia de algo que ya no existe o que no ha existido nunca.
27. España, la pluralidad de sus pueblos, su diversidad
cultural y lingŸística, es una realidad objetiva suficientemente
fuerte y homogénea para que todos la asumamos con comodidad,
abiertamente, sin complejos.
Pero además de esta realidad objetiva, cada vez
más homogénea, las últimas décadas han servido
también para reforzar España, entendida como algo más,
como mucho más, que la simple suma de sus pueblos. Además
de una historia común, o de un sentimiento compartido. España
es hoy una realidad pujante, una realidad atractiva.
28. Hace cuarenta años éramos un país
autárquico y el más cerrado de Europa Occidental. Hoy
España es el país más abierto de la Unión
Europea; una economía más abierta que Francia, Alemania,
el Reino Unido o Italia. Este es un cambio trascendental del cual debemos
ser plenamente conscientes de lo que significa como gran oportunidad,
como posibilidad de crecimiento.
España es hoy una potencia de tamaño medio
en constante crecimiento, que tiene intereses y prioridades en Europa,
en Iberoamérica y en el Mediterráneo y, al mismo tiempo,
tiene una ambición global de estar presente en todo el mundo
de una u otra manera, conforme a nuestras propias posibilidades y podemos
decir que tiene ambición de asumir más protagonismo cada
día y más responsabilidades. Si esto es así, es
porque ha existido el esfuerzo colectivo de la sociedad española
del que podemos enorgullecernos.
Hasta el año 81, solo hace 20 años, España
era receptora de fondos de cooperación al desarrollo. Recibía
fondos provenientes de países desarrollados. Hoy, en cambio,
España está entre los diez países del mundo en
aportación a la cooperación al desarrollo y es el octavo
contribuyente al sistema general de las Naciones Unidas para la cooperación.
De ser un país en vías de desarrollo, en tan solo veinte
años, nos hemos convertido en uno de los países desarrollados
que, con profundo sentido de la solidaridad, mayor aportación
hace a la cooperación.
EL PATRIOTISMO CONSTITUCIONAL Y LA PROYECCIÓN
INTERNACIONAL DE ESPAÑA
29. La presencia de España en el mundo ha ido
reflejando en los últimos tiempos los enormes cambios que se
han producido en nuestro país en todos los ámbitos. Nuestra
imagen y nuestra resonancia han experimentado una auténtica transfiguración.
Es necesario desde el punto de vista de nuestra proyección internacional,
asumir un mayor protagonismo y, consecuentemente, también unas
mayores responsabilidades y compromisos. En este esfuerzo y desde la
lealtad institucional, las Comunidades Autónomas con su proyección
exterior, contribuyen también a proyectar España en el
mundo.
La globalización no ha hecho sino ampliar ese
reto y plantea, todavía con mayor pertinencia, el interés
por reforzar la presencia de España en el mundo, en un esfuerzo
colectivo que abarca no solo al conjunto de los poderes públicos
sino también a los nuevos actores: empresas, entidades culturales
y organizaciones no gubernamentales. Todo el peso del patrimonio histórico
de España, lingŸísticamente plural, históricamente
diverso, a la vez que común, tiene que estar detrás de
cualquier acción cultural exterior, porque enriquece y potencia
nuestra presencia internacional. Nuestra contribución a un orden
internacional más integrado ha de tener una esencial dimensión
cultural.
La presencia de las iniciativas españolas en el
mundo también es un reflejo del patriotismo constitucional. Una
sociedad libre, abierta y plural como la nuestra, ha de proyectar hacia
el exterior su actividad, y con ella sus valores constitutivos.
Europa.
30. La Unión Europea es también la historia
de un éxito. Después de políticas exteriores enfrentadas
y de intereses contradictorios, Europa, que era un teatro de conflictos,
es hoy, un teatro de entendimiento y de políticas comunes, con
una moneda única. Una Europa integrada, en la que España
juega un papel cada día más importante.
Un gran reto para Europa es la ampliación y España
está comprometida en favor de ella. Un país que ha sabido
realizar tan profunda transformación tiene que ver el reto de
la ampliación como una oportunidad. En los próximos años
vamos a hacer algo tan importante como dar respuesta a toda una serie
de países que después de la caída del muro de Berlín
han recuperado la libertad y que tienen todo el derecho a poderse integrar
en una Europa que garantiza su democracia y que permite modernizar su
economía.
31. Europa es el gran reto, la gran apuesta y la gran
oportunidad. Es necesario impulsar reformas estructurales para liberar
Europa de las rigideces que impiden su pleno desarrollo y dotarla de
la flexibilidad necesaria para crear el mayor espacio económico
del mundo, que nos permita ser una auténtica alternativa, como
motor económico, a los Estados Unidos, en función de las
circunstancias.
Si repasamos nuestra historia reciente, nos damos cuenta
de que cada vez que hemos dado un paso hacia delante abriendo nuestra
economía, abriéndola a la competencia, hemos progresado.
Ahora, de nuevo, tenemos una oportunidad para dar un salto cualitativo.
En esta primera década del siglo XXI nos estamos jugando el que
Europa sea un referente mundial y que, dentro de Europa, España
pueda estar definitivamente entre los grandes países alcanzando
la convergencia de bienestar con los más desarrollados.
Nuestra apuesta es por una Europa de progreso económico
que encuentre en el euro el punto de partida para una mejor cohesión
y convergencia real de las economías nacionales; que mejore la
transparencia de las instituciones al servicio del ciudadano europeo;
que se consolide como defensora de los derechos humanos, de las libertades
públicas individuales y de la lucha contra la desigualdad. Una
Europa que desarrolle el valor de la solidaridad y promueva la cohesión
en beneficio de las regiones más retrasadas. Una Europa capaz
de crear ocupación y bienestar social en la perspectiva de alcanzar
el pleno empleo en la primera década de este siglo; que potencie
las políticas orientadas a la igualdad de oportunidades, mejore
la calidad de nuestra vida y garantice un modelo de crecimiento sostenible
y respetuoso con el medio ambiente. Una Europa que promueva la apertura
y el comercio como instrumentos de creación de riqueza y de lucha
contra la pobreza. Esta es sin duda la mejor manera de impulsar medidas
que favorezcan a los sectores más desprotegidos de nuestra sociedad.
En este proyecto común y plural, que tiene que
ser la Europa que estamos construyendo, España puede aportar
mucho. Puede aportar su propia experiencia. Nuestro país ha sabido
encontrar los cauces para hacer con la diversidad un espacio común,
donde todas las singularidades son propias de todos. A pesar de algunos
que piensan lo contrario, la España constitucional es una garantía
para que todos podamos sentirnos copartícipes y respetados en
el marco común europeo.
32. En este contexto, en el marco de la construcción
europea, queremos también hacer algunas reflexiones que nos ayuden
a ver el desacierto de algunas de las propuestas políticas en
las que a veces algunos centran, por desgracia, su debate. Se trata
de los debates tan aparentemente brillantes como claramente estériles,
sobre soberanía compartida o federalismo asimétrico.
Todos sabemos que los estados-nación se sustentan
sobre algunos poderes básicos: la política económica,
la política exterior, la justicia y la defensa, y, con matices,
la política de seguridad.
En primer lugar la capacidad que tiene una nación,
no sólo de hacer su propia moneda, sino también de decidir
sobre ella esta hoy restringida por que la decide el Banco Central Europeo.
Y, en segundo lugar, en el ámbito de la otra gran
política macroeconómica, la política presupuestaria,
la soberanía presupuestaria de los países miembros esta
limitada al actuar en el marco de un Plan de Estabilidad, asumido de
común acuerdo.
Por otra parte, cada vez más hay una política
exterior común de la Unión Europea. Evidentemente, no
es una política exterior única, sino una coordinación
de las actuaciones de todos los Estados miembros a la que España
está decidida a prestar su apoyo impulsando instrumentos tales
como la diplomacia común europea que contribuya a fortalecer
el segundo pilar de la Unión. Pero a partir de la actual coordinación
estamos iniciando un proceso que será irreversible.
En referencia a la justicia, se está consolidando
la construcción de un espacio judicial común en toda Europa,
especialmente para los delitos más graves. Por pura lógica
la lucha contra el terrorismo o el crimen organizado transnacional exigen
respuestas igualmente transnacionales y por ello la más estrecha
cooperación. Instrumentos como la orden europea de detención
y entrega, la definición común de delitos como el terrorismo,
o el reconocimiento mutuo de resoluciones judiciales, las listas europeas
de personas y entidades terroristas y su entorno o Eurojust son magníficos
ejemplos de puesta en común de las soberanías.
En cuanto a la política de defensa , con el objetivo
de defender valores comunes e intereses, la coordinación de las
políticas de defensa, la creación de un embrión
de ejército europeo -sin menoscabo del vínculo transatlántico-,
con la puesta en común de las capacidades militares de cada país,
reduce también cada vez más la posibilidad de que cada
país tome por sí sólo las decisiones que estime
convenientes en política de defensa, como pasaba en los estados-nación
que todos conocemos.
Esta es hoy la realidad y no otra. Tenemos que darnos
cuenta del proceso de cambio en el que estamos inmersos. Tenemos que
ser conscientes de hacia dónde vamos. Debemos pensar en los retos
de la sociedad europea del futuro. En esta Europa que debemos construir,
y que nos interesa construir, los particularismos no tienen sentido.
No puede defenderse lo propio contraponiéndolo a aquello que
cada vez es más común.
Iberoamérica.
33. Iberoamérica está viviendo un proceso
de cambio que augura para el continente un futuro prometedor en el marco
del mundo occidental a pesar de las dificultades inherentes a la desactivación
de sus economías. Este proceso se basa en un creciente compromiso
con la democracia; en una mayor y mejor integración de las economías
iberoamericanas en la economía internacional, a la que la Unión
Europea quiere contribuir con sus acuerdos de asociación; en
la búsqueda de soluciones eficaces para paliar las graves desigualdades
sociales; y, por último, en la reforma y modernización
de las estructuras estatales, institucionales y administrativas en las
que ahora hay que perseverar con más decisión si cabe
con planes de desarrollo fiables.
Historia, lengua y cultura comunes hacen que tengamos
una profunda vinculación con Iberoamérica. Los españoles
sabemos que somos miembros de una comunidad basada en profundos afectos.
Y además de ellos hoy existe una comunidad de intereses mutuos
absolutamente reales.
España se ha convertido en el principal inversor
europeo en Iberoamérica; siendo también el segundo inversor
global, solo detrás de los Estados Unidos. Los españoles
estamos ejerciendo un papel importante en un proceso en el que la apuesta
estratégica es indispensable. Tenemos que estar presentes en
Iberoamérica con profesionales que puedan aportar y ayudar al
crecimiento del área. Y tenemos que primar la interrelación,
la presencia de sus profesionales en nuestro país.
34. Tenemos una lengua común, en condominio de
todos nosotros. Una lengua de alcance universal que hoy comparten 400
millones de personas y pronto hablarán 100 millones más;
que es, después del inglés, la segunda lengua de comunicación
en el mundo; una lengua hablada por más de 35 millones de ciudadanos
en los Estados Unidos. Si una lengua común siempre ha sido una
oportunidad, hoy lo es más que nunca. Una gran oportunidad para
toda la comunidad hispanoamericana y, por supuesto, para España,
para todos los españoles. Y debe ser aprovechada. Sin cometer
errores basados en monopolios inexistentes sobre la lengua o, lo que
es peor, argumentando que no puede ser la de todos por el hecho de que
existan otras lenguas propias.
En definitiva, nuestra lengua común es ya hoy
acervo cultural propio de todos los españoles y convive con otras
lenguas propias en distintas comunidades. La potenciación de
todas ellas no es sino cumplimiento del mandato constitucional.
35. La ribera del Mediterráneo es otro ámbito
natural de nuestra proyección exterior. España debe ser
conciente de su particular responsabilidad como interlocutor privilegiado
entre la Unión Europea y los países del Mediterráneo
sur y debe contribuir con todas sus capacidades al fortalecimiento del
proceso de cooperación euromediterránea, con el objetivo
de hacer de esta zona un espacio de paz, estabilidad y desarrollo económico.
Es parte de nuestros intereses vitales que el norte de África
desarrolle su economía, fortalezca sus instituciones y su democracia
y encuentre la cohesión de su sociedad. Esto implica presencia,
compromiso y espíritu solidario. Si queremos la estabilidad del
Mediterráneo nos interesa trabajar activamente, y ahora más
que nunca, por la paz en Oriente Medio.
36. Nos interesa reforzar nuestras relaciones con los
Estados Unidos en el marco de una relación trasatlántica
cada vez más vital para la seguridad y la estabilidad en todo
el mundo.
37. No se puede hablar de política exterior sin
hablar de política de defensa. No es posible aspirar a ser un
país importante, que está entre los primeros inversores
del mundo, que tiene una economía extraordinariamente abierta,
que tiene empresas en un número importante de países y
permanecer al margen del esfuerzo colectivo de seguridad. Tenemos que
ser consecuentes, y serlo implica entender que la modernización
y la profesionalización de nuestras fuerzas armadas y de su capacidad
de actuación forman parte de nuestra política exterior
y de nuestros objetivos como país. La conciencia de la defensa
debe formar parte del ejercicio de una ciudadanía responsable.
Una nación abierta a la integración
de los inmigrantes
38. Concebimos la España constitucional como una
nación abierta. Nuestro país, en épocas no muy
lejanas, fue un país de emigración. Este hecho nos obliga
ahora, cuando la inmigración es una realidad en nuestra sociedad,
a encontrar las alternativas más adecuadas para los inmigrantes.
Hoy España tiene casi un millón y medio de inmigrantes
regularizados, en un proceso que está creciendo cada día.
Necesitamos la inmigración y, por ello, nuestra acción
política debe ir dirigida a promover la plena integración
social de los inmigrantes, que, a través de la formación
y el empleo, les ofrezca la oportunidad de contribuir al progreso de
nuestra sociedad.
Los inmigrantes son personas que merecen soluciones adecuadas;
respuestas concretas a problemas concretos. No nos podemos permitir
discursos demagógicos, algunos de los cuales se revisten de un
falso progresismo, que nos alejan del enfoque correcto de esta nueva
realidad.
Ante las necesidades de los inmigrantes lo primero y
más importante es la lucha contra las mafias que trafican con
personas, con sus legítimas aspiraciones de encontrar un trabajo
que mejore su condición de vida. Esto es lo primero; por esto
es importante distinguir entre inmigración legal e inmigración
ilegal. Solo combatiendo decididamente las mafias terminaremos con la
inmigración ilegal.
39. Lo segundo es garantizar la plena integración
de los inmigrantes en nuestra sociedad. Aceptarlos con su cultura, sus
costumbres; pero al mismo tiempo los inmigrantes tienen que aceptar
nuestras costumbres, nuestro marco de convivencia, nuestro modelo de
convivencia en libertad. La plena integración de los inmigrantes
con todos los derechos, pero también con todos los deberes.
El respeto a la pluralidad cultural de los inmigrantes
no se contradice con la necesaria plena integración en nuestro
sistema de valores básicos. Todo lo contrario. Es la garantía
del pleno y mutuo respeto, base de la convivencia. No hagamos trampas
en nombre de multiculturalismos que lo único que propician es
la marginación y el racismo. No deseamos una sociedad compartimentada
culturalmente, sino una sociedad integrada y plural. De lo que se trata
es de garantizar a los inmigrantes el pleno ejercicio de los derechos
y libertades que dimanan de nuestro Estado de Derecho. Se trata de que
personas que no son españoles de origen sean y puedan sentirse
ciudadanos de la España constitucional.
40. Lo tercero es garantizar que los inmigrantes puedan
acceder a un puesto de trabajo adecuado a sus posibilidades y adecuado
a nuestras crecientes necesidades. Este es el único planteamiento
responsable para garantizar la plena integración y así
evitar la marginación social y el racismo. La mejor solidaridad
con el inmigrante es facilitarle una manera digna de ganarse la vida,
y un puesto de trabajo y olvidar la realidad es un error mayúsculo.
En este tema y en cualquier otro.
Cualquier país, y también el nuestro, tiene
una capacidad limitada de acogida, si queremos, como resulta lógico,
mantener las condiciones de vida tanto de quienes formamos parte de
este sociedad como de quienes van a integrarse en ella.
También es necesario comprometerse con la situación
de los países de origen de los inmigrantes, estableciendo puentes
de solidaridad y programas de creación de empleo y riqueza con
ellos, que permitan atajar en su raíz el drama de la inmigración.
Una nación solidaria
41. La cooperación internacional para el desarrollo
es un deber de solidaridad y es una necesidad para garantizar el pleno
desarrollo de todos los países evitando las desigualdades sociales
y la marginación que el subdesarrollo comporta. La cooperación
es una decisión estratégica en favor del desarrollo económico,
político, social, institucional y de los valores que permiten
sociedades más libres, justas y solidarias. Si estamos convencidos
de que los valores de nuestra sociedad son dignos del esfuerzo que hemos
hecho para conseguirlos, para vivir en ellos, tenemos que saber transmitirlos.
Los países en vías de desarrollo se encuentran en esa
situación porque nunca han gozado del sistema de valores y del
sistema económico del que nosotros gozamos. Reflexionemos seriamente
sobre ello.
España es hoy un país que necesita impulsar
políticas de cooperación. Nuestras políticas de
cooperación van destinadas a garantizar el crecimiento económico
y social, a medio y largo plazo, de los países con los que cooperamos.
Las ayudas a la educación, a la formación, o al fortalecimiento
institucional en todos los sentidos, como elemento esencial para un
crecimiento sostenido, tienen un lugar destacado.
En este contexto, las organizaciones no gubernamentales
tienen un papel importante. Son la expresión de una sociedad
que se siente solidaria y responsable. Muchas de ellas merecen admiración
y respeto por su trabajo serio y responsable. Su actuación, acorde
con las políticas globales emanadas de las legítimas instituciones
democráticas, es imprescindible.
Una nación abierta a la globalización
42. En el nuevo marco de la globalización, queremos
reafirmar que nuestras preocupaciones se orientan preferentemente a
la defensa de la persona, a su reconocimiento como destinataria de la
acción política, y a la primacía de la sociedad
sobre el Estado. Asimismo, se dirigen a dar respuesta a las demandas
de conocimiento, nuevas tecnologías, cultura y bienestar integral
que la nueva sociedad plantea.
La globalización nos reclama un compromiso más
intenso para promover la competitividad y la cohesión de las
economías menos favorecidas, invirtiendo esfuerzos en la cooperación
al desarrollo.
Al mismo tiempo, la globalización es una oportunidad
para todos los países del mundo. La libre circulación
de ideas y culturas siempre ha sido una oportunidad de crecimiento intelectual,
de capacidad de análisis, y en consecuencia un freno para los
totalitarismos y los integrismos que se fundamentan en la manipulación
de los conocimientos y la información, en el temor a la libertad.
Es una oportunidad económica, de crecimiento económico,
para todos los países del mundo. Crecimiento económico
implica progreso, bienestar, dignidad. La libre circulación de
mercancías y capitales, de cultura y conocimientos es la mejor
garantía de que los países pobres puedan dejar su marginalidad.
Las políticas intervencionistas y de control son las que han
condenado a la pobreza a muchísimos ciudadanos en todo el planeta.
La mejor garantía para que los países pobres sigan siendo
pobres es la anti-globalización. Como si no hubiéramos
tenido suficiente con la experiencia del "socialismo real".
También es un activo para la sociedad española.
Nuestra situación geográfica, nuestra lengua, nuestra
posición internacional y nuestra disposición ante los
cambios sitúan a la sociedad española en el camino del
éxito en esta nueva etapa de superación de las fronteras.
43. La libre circulación de ideas, información,
mercancías, servicios, capitales y personas son fenómenos
que no solo han favorecido la apertura de las fronteras, sino que demandan
de los Estados la transformación de su papel para servir a la
comunidad. Por una parte, las sociedades de hoy quieren que las decisiones
políticas se tomen más cerca de los ciudadanos. Por otra
parte, la colaboración internacional tiene un amplio campo para
desarrollarse y resolver problemas que un país no puede abordar
aisladamente.
Situarse correctamente en ese marco es vital para el
futuro, y ello requiere reflexiones políticas y estratégicas
que miren al futuro con lucidez y optimismo. Requiere centrar el debate
y la reflexión en las coordenadas de hoy, en la realidad de hoy,
en la España de hoy.
44. La globalización es también una oportunidad
para nuestra cultura, para la pluralidad de nuestras aportaciones culturales.
Tenemos una gran riqueza lingŸística, y además, como se
ha dicho, una lengua común que es hoy, después del inglés,
la segunda lengua de comunicación mundial. Tenemos más:
una cultura compartida con muchos países.
Estos dos elementos son un activo que tenemos que aprovechar
para que los españoles tengamos un papel relevante en esta nueva
sociedad que emerge y que deseamos para nuestro futuro y el de las próximas
generaciones. España puede aportar más. Puede aportar
la experiencia de un país que, en los últimos años
ha sabido conjugar diversidad cultural con proyecto común. El
debate entre identidad y globalidad no es un debate de exclusiones,
sino que es un debate de complementariedades. La globalización
no es ningún peligro para las culturas propias; es una oportunidad
para su difusión, para estar presentes en el mundo. La globalización
es solo un peligro para lo propio, en la medida en que se encierre sobre
sí mismo para protegerse. Ese es el camino más directo
a la marginación y a la irrelevancia. No nos equivoquemos.
45. Es en este contexto en el que tenemos que plantearnos
las consecuencias del atentado terrorista contra las Torres Gemelas
de Nueva York, acto intrínsecamente perverso. Nadie con un mínimo
de sentido cívico puede sentirse indiferente ante la ofensiva
terrorista del 11 de septiembre.
El ataque terrorista contra las Torres Gemelas, contra
los Estados Unidos de América, no es una confrontación
de países pobres contra países ricos; no es una confrontación
de religiones o creencias. Es un ataque a un concepto de convivencia,
a un sistema de valores para vivir en sociedad. A nosotros nos interesa
que prevalezcan esos valores -que son los nuestros- porque son la garantía
de la libertad y del progreso. Es un ataque a estos valores porque ellos
nos permiten ser plenamente libres, y eso es algo que nunca aceptarán
los integrismos. Al integrismo le interesa el discurso del "nosotros"
y "los demás", de la etnia, la raza y el territorio
como concepto de pertenencia, como valor absoluto. El integrismo quiere,
necesita, manipular los sentimientos. La libertad es enemiga del integrismo.
Y hay que asumir los riesgos que se derivan de la libertad. Nunca limitarla
o, muchísimo menos, negarla. Desde la defensa de la libertad
debemos combatir al terrorismo y a los enemigos de la sociedad abierta.
46. Las democracias se han dado cuenta de la importancia
que tiene identificar las más graves amenazas que pesan sobre
nosotros. Esta teoría de "nuevos riesgos-nuevas amenazas"
resulta esencial para entender el resurgir de los Estados, de la cooperación
intergubernamental y del concierto internacional en general. Tras el
11 de Septiembre, el patriotismo constitucional implica el necesario
intento de redefinir las prioridades, los problemas y las necesidades
de sociedades modernas que se enfrentan a obstáculos con un potencial
extraordinariamente desestabilizador.
Debemos trabajar en la definición de instrumentos
intergubernamentales, jurídicos, judiciales, para luchar contra
las nuevas amenazas a las que se enfrenta el mundo libre. Pero ello
no es suficiente. Debemos fortalecer los principios sobre los que ha
de asentarse el compromiso con la democracia, con las libertades, con
los derechos fundamentales de los ciudadanos, y reflexionar lo que en
este ámbito aporta el patriotismo constitucional. Muchas veces
se olvida que el bien supremo de una sociedad sigue siendo la defensa
y garantía de los derechos y la preservación de los valores
democráticos. Y que la única manera de garantizar unos
y otros es mediante el fortalecimiento de las instituciones democráticas
y del Estado de Derecho.
47. Por eso, el Partido Popular sostiene y respalda la
acción concertada de las democracias contra todos aquellos regímenes
y organizaciones que presten amparo, cobertura o guarida a los terroristas.
Su lucha es la nuestra, en defensa de los valores que compartimos y
que queremos defender.
Como país no podemos permanecer al margen ni del
esfuerzo colectivo en la batalla contra el terrorismo, ni del esfuerzo
para erradicar la intolerancia, el integrismo, que impiden que el ser
humano sea plenamente libre. Sería insolidario e incoherente
hacer lo contrario, porque España siempre ha reclamado la colaboración
internacional en la lucha contra el terrorismo.
No podemos caer en la trampa de decir que la situación
generada por el terrorismo se arregla con el diálogo. No es posible,
porque los terroristas no creen en el valor del diálogo, y si
creyeran en él no serían terroristas. La violencia terrorista,
sea talibán o sea de ETA, degenera siempre en un oficio, en un
comercio asesino que aglutina a comparsas fanáticos, frente a
los que una sociedad moderna no puede permanecer indefensa.
EL PATRIOTISMO CONSTITUCIONAL
EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XXI.
CONCLUSIONES.
48. Es en la España de hoy en la que tenemos que
centrar nuestra reflexión sobre el patriotismo constitucional.
Estamos pensando:
- en la España de las libertades, del Estado de Derecho y del
imperio de la ley;
- en la España que ha sabido articular entre todos un proyecto
común;
- en la España que aprecia la pluralidad de sus nacionalidades
y regiones y que es capaz de integrar todas ellas y a todos sus habitantes
sin exclusiones y con respeto a sus propios rasgos de identidad; y
que quiere integrar a aquellos que vienen de fuera a buscar bienestar
y a aportarnos su esfuerzo;
- en la España abierta, que participa plena y activamente en
la construcción de una Europa dinámica, y que junto
a los demás países de Iberoamérica tiene un peso
cada vez más importante;
en la España que, junto con las demás naciones con las
que comparte unos valores y principios, está determinada a derrotar
al terrorismo.
Es en esta España en la que estamos pensando.
1. El patriotismo constitucional que queremos transmitir
a la sociedad española incluye:
- Defender la libertad como elemento básico de la convivencia;
como derecho esencial e inalienable de la persona; derecho al que
ninguna persona tiene por qué renunciar en nombre de supuestos
derechos colectivos. Es defender que el ser humano tiene todo el derecho
a ser plenamente libre, a sentirse plenamente libre.
- Defender la convivencia con pleno respeto a las opiniones de los
demás. Es la aceptación de los distintos criterios y
posiciones ideológicas que una sociedad plural y abierta tiene;
aceptar y defender que esta complejidad es una riqueza de y para la
propia sociedad.
- Defender la España plural y la pluralidad como riqueza. Es
defender que ni lo propio se contrapone a lo común, ni lo común
a lo propio; que al defender España se defiende a todas y cada
una de las lenguas, las tradiciones y las sensibilidades que integran
la España plural.
- Defender la solidaridad: la solidaridad entre españoles de
diferentes territorios y entre las diversas generaciones, y para ello
es preciso reforzar la cooperación, la cohesión territorial
y social, y el impulso de la igualdad de oportunidades.
- Defender una educación que forme personas con espíritu
crítico, con capacidad de análisis; en definitiva, la
formación de ciudadanos libres y responsables.
Defender la modernidad entendida como apertura individual y social
a las nuevas cuestiones que la evolución de la propia sociedad
nos plantea. Entendida como esfuerzo colectivo a favor del progreso,
como capacidad de innovación.
El patriotismo constitucional es, también, participar en la construcción
de la Europa política, con los retos y las oportunidades que
comportará a las naciones que la constituye.
El patriotismo constitucional es sentirnos orgullosos
de ser ciudadanos de esta España que ha demostrado tener capacidad
para solucionar sus problemas, para crecer, para ocupar un lugar preeminente
en el orden internacional, para tener un proyecto común y compartido.
Es apostar a favor de este proyecto, es colaborar en la realización
del mismo.
1. Entendemos que el patriotismo constitucional es la
expresión constructiva y ordenada de sentimientos de vinculación
a la España de hoy, de manera que, siendo un concepto abierto,
permite la inclusión de la derecha, del centro, de la izquierda
y de los nacionalismos constitucionales respetuosos con la democracia.
Es una idea no dogmática que implica, como la
propia democracia, un compromiso entre grupos y corrientes muy diversas
y abierto a todas las modificaciones que no quiebren los principios
constituyentes.
El patriotismo constitucional que defendemos asume por
eso su calidad de concepto no dogmático, capaz de generar numerosos
puntos de encuentro en y para la sociedad española, y reclama
una cierta generosidad, una cierta renuncia de todos a cambio de una
defensa de lo constitucionalmente admitido y admisible.
Porque lo propio del patriotismo constitucional es el
compromiso, el pacto, el consenso, la negociación de lo negociable
y la firmeza y la defensa cerrada de los valores y principios que lo
hacen posible y garantizan las libertades democráticas. Quizá
por eso lo característico de un sistema asentado sobre el patriotismo
constitucional es que todo el mundo esté moderadamente insatisfecho
y razonablemente satisfecho del estado de las cosas.
En ese sentido, el patriotismo constitucional que propugnamos
no aspira tanto a zanjar debates jurídicos, o históricos,
o filosóficos, como a impulsar un proyecto atractivo y plural
de España, compatible con el hecho de la diversidad de ideas
y sentimientos y con la existencia de debates abiertos. No aspira a
reescribir la historia, sino a afianzar el presente y a garantizar el
futuro constitucional de España.
2. El patriotismo constitucional no se fundamenta en
el dominio o derecho de la historia, la etnia, la raza, la comunidad
de creencias y lengua o cualquier otra herencia, sea esta más
o menos real o imaginaria. Promueve políticas constitucionales
para la integración de todos en un proyecto positivo y deseable
de España.
3. En síntesis, el patriotismo constitucional
que planteamos a la sociedad española en el marco del Congreso
de nuestro Partido, es -queremos que sea- abierto a todos.
Y, por ello, lo entendemos como el vínculo democrático
entre españoles, titulares en común de la soberanía,
que agrupados en torno a las libertades de la Constitución, forman
una nación cívica y plural. Afirmamos que España
es una nación plural.
Estamos seguros de que el mantenimiento del pacto constitucional
nos proporcionará la estabilidad necesaria para llegar mucho
más lejos en cuanto al bienestar de todos y en cuanto a nuestra
proyección en el mundo.
Porque creemos que los valores y los principios acordados
en el pacto constitucional siguen siendo el marco válido, deseamos
que todos los españoles, independientemente de adscripciones
ideológicas o partidarias, nos sintamos incluidos en el patriotismo
constitucional.
El patriotismo constitucional es un concepto de futuro.
Un concepto para la España del siglo XXI. Un concepto incluyente
de todos aquellos que deseen un futuro común y compartido, atrayente
y atractivo. Un futuro mejor y con más oportunidades para todos.
Un futuro deseable.
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