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CARLOS ITURGAIZ, un hombre sereno, abierto y firme, el LEHENDAKARI de TODOS los que vivimos y trabajamos en el PAIS VASCO
Intervención en el Club Siglo XXI,
"Una nueva mayoría social en Euskadi para el Siglo XXI"
Han pasado ya varios meses
desde que este Club (Siglo XXI) abordara el asunto de la tolerancia
como uno de los valores esenciales que rigen nuestra ya creciente
convivencia democrática.
Pues bien, desde donde yo vengo tengo que añadir que es un bien escaso que no sólo hay que cuidar con esmero, sino que por encima de todo hay que cultivar para preservar su crecimiento, contagio y propagación.
Por primera vez estamos resolviendo un conflicto, que nos ha enfrentado y nos enfrenta a los vascos, pero dentro de la democracia, y ello sólo se podrá hacer reconociendo el valor de la tolerancia, como principal pilar de todos los demócratas.
No existe pues mejor marco en el que encuadrar las anteriores palabras que la situación de cambio que en el País Vasco se está viviendo en la actualidad y que tiene como protagonista a una nueva mayoría de vascos que abrazan el nuevo milenio con la mente puesta en la generalización de los valores del respeto, la libertad, la tolerancia en todos y cada uno de los rincones del País Vasco.
Cualquiera que no se haya acercado en diez años al País Vasco le sorprendería el cambio del estado de opinión que se ha generado y genera gracias a la democracia, gracias al trabajo intenso que ha venido desarrollando desde el silencio activo y el compromiso militante, una nueva generación de vascos que ha venido a diseñar las bases implícitas por las que se rige esta nueva mayoría social que liderará la sociedad vasca.
Hablar hoy de nueva mayoría de vascos es preparar el asalto al siglo XXI desde la conquista de la normalización y la pacificación del País. Desde el triunfo de la tolerancia por encima de cualquier otro discurso. Porque esta nueva mayoría de vascos está segura de que quiere jubilar un estilo que no ha sabido potenciar los puntos de encuentro, a la vez que censurar los comportamientos que no han buscado el entendimiento entre la sociedad vasca actual.
El cansancio, el hastío, y el callejón sin salida al que han llevado los de siempre a toda una sociedad, y en especial a la generación de jóvenes vascos con mayor preparación de la historia, hará que todos acaben sacudiéndose por una parte el yugo de la resignación en el que les quieren colocar y por otra el de la división que algunos no quieren cerrar en una sociedad que tiene que avanzar más unida sabiendo en que dirección camina. Así se expresa, así piensa, una mayoría social de vascos que han alzado su voz sin descanso desde el espíritu de Ermua, pero que venía gestándose años atrás. Ellos saben muy bien la dirección que hay que tomar y nos la señalan sin titubeo alguno a los políticos.
No dan tregua. Confían en la clase política vasca. øVamos nosotros a defraudarles? Sería un error irreparable, de incalculables consecuencias, pero sobre todo constituirá un paso atrás inadmisible en estos momentos en que la sociedad vasca avanza con fuerza bajo el ánimo y el calor de esta nueva mayoría de vascos. ø Y qué reclaman sin tregua?. øPor qué piden hoy y exigirán mañana este proyecto político común y compartido?
Porque llevamos demasiado tiempo los vascos enfrentados entre nosotros de forma estéril, abusiva y trágica. Porque no podemos desaprovechar los vascos esta experiencia inédita. Euskadi es una realidad política hoy que no ha existido jamás. Que sólo ha servido para unir o justificar el nacionalismo vasco, a través de un discurso, de una reivindicación.
Pero a la fecha de hoy, la idea de Euskadi, tiene o debe tener otra utilidad, otra justificación. Es una realidad política, no una reivindicación, que nosotros no vamos a descalificar en función de su origen nacionalista o merced a su inexistencia histórica. Todo lo contrario, vamos a aprovechar esta su capacidad de unir, fortalecer, cohesionar una sociedad como la vasca.
La justificación de este proyecto común y compartido se producirá en la medida que sepa cohesionar y unir a una sociedad, en la medida que concilie concepciones y sentimientos secular y tradicionalmente enfrentados. Hay un tránsito, una transición por recorrer en el País Vasco, para alcanzar ese proyecto común. Esto es el mismo que decir que conlleva y exige esfuerzo permanente. El verbo compartir no se conjuga con la fortaleza necesaria en el Pais Vasco. Mas bien sucede al contrario. Sabemos los políticos compartir Gobierno, investiduras, coaliciones, pero seguimos sin saber compartir en su raíz, con la profundidad necesaria, un proyecto político de futuro para el País Vasco.
Creo que se equivocan quienes piensan que una vez más, el esfuerzo corresponde a quienes no somos nacionalistas vascos, como si de ellos y solo de ellos dependiera la normalización del País Vasco. Hay algunos dogmas nacionalistas que tienen necesariamente que modificarse para que el proyecto político pueda ser compartido.
Desde un punto de vista político compartimos dos puntos básicos de encuentro. El Estatuto de Autonomía y el Pacto de Ajuria- Enea que con todas las limitaciones que se quiera son dos avances extraordinarios en nuestro proyecto común. Por otro lado nuestro concepto de autonomía, el encaje del País Vasco en España, lo que los nacionalistas llaman, "cuestión nacional", sigue constituyendo el desencuentro esencial que impide un proyecto compartido. La vertebración interna del País Vasco, la estructuración básica de nuestras instituciones sigue constituyendo una materia pendiente de resolución definitiva.
Han transcurrido 20 años de nuestra autonomía y es momento de balance y extracción de conclusiones que de modo objetivo y sereno, sin dogmas previos, podemos establecer para dar una configuración definitiva a nuestro entramado institucional.
El nacionalismo vasco debe a mi juicio modificar su carácter permanentemente reivindicativo por el de la búsqueda de puntos de encuentro. No instalarse en la desazón ni en lo "anti", ni ver siempre la cara más antipática de eso que llaman España. Seguir así supone no evolucionar, permanecer casi como nació. Hoy necesitamos un nacionalismo más moderno, que se aleje de esos comportamientos decimonónicos en las puertas del siglo XXI.
La nueva generación de vascos de la que estamos hablando, seguro que proyecta, por el contrario , una imagen simpática del País Vasco y acoge en su seno y en el mismo sentido la misma de España. Es una nueva generación que deshecha la autarquía y el casticismo abrazando algo más universal, que lucha porque el País Vasco se convierta en un nuevo foco de atracción y no en referente de una nueva diáspora; que se resiste a seguir hablando de comunidades imaginarias; que rechaza una caprichosa visión de la historia hasta el día de hoy imperante.
Que busca, en definitiva, la verdadera identidad vasca y no la idealización decimonónica, interesada, que algunos todavía intentan trasladar y a la que se aferran por no querer ver, en el mejor de los casos, e ignorar, en el peor, la imagen actual de los vascos. Que exigen a los políticos que terminemos cuanto antes con la Euskadi virtual que algunos pretenden vendernos como real. Que lucha para arreglar el País Vasco, fracturado, mediante la puesta y ejercicio común de proyectos políticos y no mediante la confrontación. Una nueva generación de vascos menos fanática, en definitiva, y que está basculando hacia la sociedad civil el protagonismo de la vida sociopolítica de nuestra Comunidad.
Carlos Iturgaiz